La selección de España se consagró merecidamente campeona del mundo luego de superar a Argentina en tiempo suplementario, tras una excelente demostración futbolística que redujo a la mínima expresión al equipo albiceleste, prácticamente sin situaciones claras de gol a lo largo de los 120 minutos.
No vale la pena establecer demasiadas diferencias entre el primer y el segundo tiempo, porque la pelota y el partido fueron siempre de España. El conjunto europeo administró el juego a su voluntad y, aunque por momentos careció de la profundidad necesaria, consiguió que Argentina se limitara casi exclusivamente a defenderse. Con la tenencia, España progresaba en el campo para intentar generar situaciones y, al mismo tiempo, se protegía de los posibles ataques argentinos.
Defenderse con la pelota da resultado, y España hizo eso durante todo el Mundial. Así, terminó derrotando en las semifinales y en la final a los dos últimos campeones del mundo.
Es cierto que Argentina tuvo muchos problemas físicos y debió pensar sus variantes en función de ese desgaste. La situación llegó al extremo de que Lionel Scaloni no pueda hacer ingresar a Lautaro Martínez porque se quedó sin modificaciones. Además, la correcta expulsión de Enzo Fernández sobre el final del tiempo regular dejó al equipo argentino prácticamente limitado a resistir y esperar que transcurriera el suplementario para intentar llegar a los penales.
Cuando parecía que el primer objetivo de alcanzar la definición desde los doce pasos estaba cerca, España golpeór. En el primer minuto de la segunda prórroga, nuevamente le ganaron la espalda a Molina y enviaron la pelota al centro del área. Allí apareció Ferrán Torres, quien, con un gran zurdazo a la carrera, puso el 1-0 y venció por primera vez a un Dibu Martínez que ya había respondido cinco o seis veces para mantener con vida a Argentina.
Recién a partir de ese momento la Selección salió decididamente en busca del empate. Sin embargo, tampoco logró generar demasiado por elaboración propia y se acercó al área rival más por empuje que por juego. Un centro atrás al que casi llegó Senesi y otro remate de Messi que se desvió en un defensor fueron algunas de las pocas aproximaciones en el tramo final.
Se cierra así un Mundial que resultó predecible por los cuatro que llegaron al final y no dejó de ser muy bueno desde lo futbolístico. El campeón terminó siendo el equipo que realmente jugó mejor que sus rivales y que, tanto ante Francia como frente a Argentina, logró imponer su estilo y someter a dos selecciones de enorme jerarquía.
Para Argentina, además del dolor de haber perdido la final, queda un equipo que volvió a demostrar, desde lo actitudinal, lo que significa vestir la camiseta celeste y blanca. Sin embargo, desde lo futbolístico no fue el Mundial que se esperaba. El equipo nunca terminó de encontrar su mejor funcionamiento, tuvo dificultades para generar ataques y también mostró problemas defensivos. La excepción fue el partido ante Inglaterra, que posiblemente haya sido la única gran actuación de la Selección a lo largo del torneo.
Con la tranquilidad que ofrece la aparición de un buen recambio y que permite seguir ilusionándose hacia el futuro, la gran incertidumbre pasa ahora por Lionel Messi. El capitán aún no definió si continuará jugando en la Selección argentina. Igual, para eso hay tiempo.