Con un segundo tiempo perfecto, Argentina le dio vuelta el partido a Inglaterra y terminó ganándole 2 a 1 para meterse nuevamente en la final del Mundial. El empate lo convirtió Enzo Fernández y el 2 a 1 fue de Lautaro Martínez.
Pero no había comenzado como terminó, porque en los primeros 45 minutos Inglaterra tuvo mucho más la pelota que Argentina y dominó el juego, aunque casi sin situaciones. De todas maneras, los de Scaloni supieron jugar muy bien un partido sin la pelota, como lo fueron los ingleses y como también lo será España. Hay partidos que se ganan con la pelota y hay otros que se ganan sabiendo defender para no sufrir, estando bien posicionados y moviéndose en bloque, como ocurrió en el primer tiempo.
La segunda etapa fue otra cosa, porque cuando todavía se estaban acomodando y arrancando de a poco, Inglaterra la movió bien y llegó al fondo por derecha. El centro de Rogers picó en el segundo palo y Gordon durmió a Molina, que no lo vio, para poner el 1 a 0 parcial: mitad buena jugada de los ingleses y la otra mitad error propio.
A partir de ahí, a los 55 minutos, Tuchel y sus dirigidos empezaron a retroceder y Argentina a agarrar la pelota para generar cada vez más peligro sobre el arco rival: primero Nico González con un gran cabezazo que sacó Pickford; Mac Allister con dos cabezazos seguidos, uno al medio y otro al palo; un tiro desde afuera de Enzo Fernández que volvió a sacar el arquero y, luego sí, el empate de Argentina. Tras ese tiro de esquina que despejó Pickford, Messi jugó corto, entretuvo a dos rivales y se la entregó a Enzo, que venía solo por el medio. La paró y sacó un gran remate de derecha que venció la resistencia del hasta ese momento invencible arquero inglés. 1 a 1 a los 85 y a buscarlo, porque se veía que Argentina lo podía dar vuelta.
Messi siguió haciéndose cargo de la pelota y ahora se le sumó Enzo, que a partir del gol creció en confianza y en juego. La movieron por izquierda y la cedieron casi en el centro, entrando al área, para Mac Allister, que la paró y le pegó por bajo, pero la pelota otra vez pegó en el palo y le negó al pampeano el 2 a 1. Pero la jugada siguió: Messi la peleó, la ganó, gambeteó y tiró un centro de derecha perfecto a la cabeza de Lautaro Martínez, que entrando al área chica y entre los dos centrales se elevó más que nadie y puso la merecida ventaja para Argentina a los 92, solo siete minutos después del empate.
Como era lógico, después de la ventaja Inglaterra se vino, Argentina cedió la pelota y el árbitro adicionó nueve minutos (aunque se jugaron casi 12). Fueron solo centros, que entre Cuti Romero, Nico Otamendi y Nico González se encargaron de despejar entre tantos rivales altos, y cuando no eran ellos aparecía Dibu Martínez para descolgar.
Y así, sufriendo, llegó el final del partido y el festejo con la bandera de Malvinas Argentinas incluida. Un partido muy difícil por la instancia, por el rival y por la desventaja inicial, pero que encontró a Argentina jugando su mejor partido del Mundial. Primero porque entendió que no siempre se puede jugar con la pelota y no se desesperó; porque supo estar bien organizada, sabiendo que el partido en algún momento iba a cambiar: era cuestión de tener paciencia. Y luego porque cuando tuvo que salir a atacar lo hizo decididamente y con muchas variantes: juego asociado desde atrás y por el centro, remates desde afuera del área y centros por las bandas cuando la jugada lo pedía. Si no fuera por el palo o por Pickford, Argentina lo hubiese dado vuelta antes o habría convertido algún gol más.
Ahora se viene España, un equipo que cuida mucho la pelota, más de lo que lo hizo Inglaterra, con posesiones largas que desgastan al rival y te desordenan, pero sin tanto vértigo ni profundidad. Pero Argentina es un rival parecido, que aprendió con el correr del Mundial a jugar sin la pelota y ya no lo sufre, y cuando la tiene te lastima fuerte.
El domingo veremos posesiones largas y transiciones lentas de defensa a ataque, pero de tres cuartos de cancha para adelante ambos tienen jugadores muy desequilibrantes que pueden marcar la diferencia en un metro o en un segundo. El golpe por golpe no le conviene a ninguno de los dos, entonces habrá que cortar el circuito de juego que se genera a partir de Rodri para estar tranquilos en defensa y luego poder atacar en el momento justo.
Ahora a disfrutar lo que se pueda y luego a pensar ya en el domingo, cuando a las 16 horas se juegue la gran final entre los dos mejores equipos del mundo, en el MetLife Stadium de New Jersey.