No era necesario sufrir así, ni por lo que es Argentina ni por lo que es el rival, aunque en el campo de juego Cabo Verde haya dado mucho más de lo esperado. Decididamente no fue un buen partido de Argentina, es más, fue uno muy malo. Tal vez el peor en la era Scaloni.
La tenencia excesiva para encontrar los espacios esta vez fue innecesaria, y los jugadores (o el cuerpo técnico) no supieron leer el partido para cambiar su juego. Porque además, contrariamente a lo que siempre hace, cada vez que convertían un gol se retrasaban, le dejaban la pelota a Cabo Verde y esperaban. Y así los africanos, aún sabiéndose inferiores, se fueron animando de a poco.
El golazo de Messi a los 29 del primer tiempo hacía pensar que Argentina lo iba a terminar resolviendo en cualquier momento, pero el final de los primeros 45 minutos no fue el esperado nuevamente y Cabo Verde creció en juego.
Por eso no asombró que a los 14 minutos de del segundo tiempo llegara el empate tras una desinteligencia entre Enzo Fernández y Lisandro Martínez, que no tomaron a Duarte, que recibió dentro del área y con un remate cruzado puso el 1 a 1. Sopresa porque le empató a Argentina un equipo menor, pero no porque como se estaba dando el trámite del partido.
A partir de ahí uno pensaba que la selección argentina iba a salir a comerse crudo a los africanos, pero nada de eso pasó, transcurrieron los minutos y casi sin situaciones claras (o no todas las que creíamos) llegó el final del partido. Y había que ir a suplementario contra Cabo Verde.
Uno suponía que en estos 30 minutos extras Argentina se iba a llevar por delante al rival, como pasó contra Países Bajos en Qatar, que le iba a llenar el área de situaciones y que en cualquier momento iba a aparecer el gol. Y el gol apareció, pero por una pelota parada y no por juego: luego de un tiro de esquina le cayó a Licha Martínez, que controló y con un potente remate de zurda puso el 2 a 1 a los 2 minutos del suplementario.
Pero otra vez Argentina luego de convertir cedió terreno y pelota, así es como por marcar tan cerca del área, Cabral metió un golazo desde el vértice del área grande, al segundo palo, que nada pudo hacer Dibu Martínez. Otro baldazo de agua fría y a sufrir un partido, que por el golpe por golpe ya parecía la final con Francia y no un 16avos de final contra Cabo Verde.
Y allá fue Argentina en busca del 3 a 2, para tratar de no llegar a los penales que igualan todo, aunque a esa altura el partido era muy parejo. Pero otra vez fueron con tenencia innecesaria, sin ninguna gambeta ni nadie que rompa el molde. Un poco de Messi, pero bien marcado porque el resto de los 10 jugadores argentino solo se la daban a él y esperaban su salvación.
Y la salvación llegó desde la pelota parada. Messi ejecutó un tiro de esquina desde la izquierda que cabeceó el Cuti Romero, tocó en un rival y puso el 3 a 2 definitivo, que no se festejó tanto, sino más bien fue una descarga.
Pero no todo terminó ahí. Por tercera vez, luego de un gol Argentina cedió la pelota: lo encararon a Montiel por la derecha y tuvo que cometer falta cerca del área. Ese tiro libre parecía que se metía en el segundo ángulo nuevamente, pero apareció la mano salvadora otra vez del Dibu Martínez para mandarla al corner y alejar el peligro.
Y así llegó el final, con sufrimiento, pocas situaciones y juego instrascendente ante un rival que entendió bien por dónde iba el partido, y Argentina no. Aunque a todos nos guste el juego de tenencia hasta encontrar espacios, Scaloni y su cuerpo técnico tienen que tener las variantes tácticas para hacer otro partido cuando sea necesario, como en este caso, donde había que dejar de lado tanto toque lateral y ser más vertical, para gener situaciones y romper una defensa que trabajó muy bien en bloque.
El próximo rival de Argentina será la Egipto de Salah, que le ganó por penales a Australia. El partido será el martes 7 de julio, a las 13 horas de nuestro país, en Atlanta.