Rosario Central derrotó 3 a 1 a Estudiantes de La Plata y se quedó con la Supercopa Internacional, en una final que terminó como quizás podía esperarse: con polémicas, protestas, incidentes y un nuevo capítulo de una rivalidad que desde hace tiempo excede lo estrictamente futbolístico.
Un título creado por la AFA, enfrentando justamente a dos clubes que arrastran una fuerte disputa desde el año pasado, difícilmente podía tener un desarrollo tranquilo. Mucho menos después de un arbitraje de Darío Herrera en el que las principales jugadas discutidas terminaron resolviéndose a favor del conjunto rosarino.
En cuanto al partido, Estudiantes golpeó prácticamente desde el vestuario. Antes de cumplirse el primer minuto, Alexis Castro apareció para marcar el 1 a 0 y poner rápidamente en ventaja al equipo platense.
Pero Central encontró la respuesta en Ángel Di María. El campeón del mundo clavó un golazo de tiro libre para establecer el empate y, sobre el cierre de la primera parte, volvió a aparecer para dar vuelta el resultado desde los doce pasos.
El penal que terminó en el 2 a 1 fue una de las grandes polémicas de la tarde. Herrera fue convocado por el VAR para revisar un contacto de Leandro González Pírez sobre Enzo Copetti y, luego de observar las imágenes, decidió sancionar la pena máxima. Di María ejecutó de gran manera y mandó al Canalla al descanso en ventaja.
Las discusiones arbitrales continuaron en el complemento. Estudiantes reclamó dos posibles penales que no terminaron con Herrera frente al monitor y también pidió la expulsión de Elías Verón. El futbolista de Central ya estaba amonestado cuando cometió una nueva infracción, pero el árbitro entendió que no correspondía otra tarjeta. Poco después, Jorge Almirón decidió reemplazarlo.
Con Estudiantes jugado en busca del empate, el partido llegó abierto hasta el final. En el minuto 95, Fernando Muslera fue al área rival para intentar cabecear un córner y Central recuperó la pelota. Julián Fernández aprovechó que el arco estaba vacío y, con una gran definición de tres dedos desde larga distancia, estableció el 3 a 1 definitivo.
Pero el partido todavía tenía reservado su capítulo más caliente. Después del tercer gol se produjo un tumulto entre futbolistas, suplentes e integrantes de ambos cuerpos técnicos, con empujones y agresiones que continuaron camino a los vestuarios. Herrera finalmente dio por concluido el encuentro sin un pitazo final convencional, mientras Juan Sebastián Verón ingresó al campo para recriminarle su actuación.
Así, Rosario Central terminó levantando la Supercopa Internacional y sumó un nuevo título, aunque en medio de una final atravesada por las polémicas y por el clima cada vez más tenso que rodea al fútbol argentino.
Párrafo aparte merece lo sucedido durante la premiación. Tapia no estuvo en el escenario cuando Estudiantes recibió las medallas correspondientes al subcampeonato, pero sí apareció posteriormente para premiar a la terna arbitral y a Rosario Central. Todo un mensaje.
Una puesta en escena difícil de entender para el presidente de la AFA, especialmente después de una final cargada de cuestionamientos arbitrales y con Estudiantes expresando públicamente su enojo. Los jugadores del Pincha incluso recibieron con aplausos irónicos la premiación de Herrera y sus asistentes.
Tapia podrá exhibir como uno de los grandes logros de su gestión el extraordinario ciclo deportivo de la Selección Argentina, pero la organización del fútbol local continúa acumulando situaciones difíciles de explicar: formatos y competencias que cambian permanentemente, calendarios desordenados y arbitrajes que fecha tras fecha quedan en el centro de la discusión.
Esta vez, una copa creada por la propia AFA reunió a dos equipos que ya llegaban enfrentados institucionalmente. El resultado fue un campeón, Rosario Central, pero también otro final caliente que volvió a dejar al fútbol argentino hablando mucho más de lo que ocurrió alrededor del partido que del partido mismo.
Una verdadera pena el final, porque a pesar de todo lo que pasó, esto no invalida lo conseguido por Rosario Central, que demostró tener las herramientas necesarias para ser un merecido campeón, con un Di María brillante que aparece cuando el equipo lo necesita